El Mensaje No El Mensajero

Cuando el trabajo interior es constante, los frutos son inevitables. No hay atajos. El 8 de oros me recordó que lo que se cultiva con amor, dedicación y verdad, florece en su tiempo justo. Hoy me permito SER sin filtros, sin temor al juicio, porque quien vibra desde la autenticidad no necesita máscaras. Cada quien recibe según lo que sostiene con su energía, intención y presencia. Nada es casual. Ayer, Quetzalcóatl me mostró el poder del renacer. Hoy, un pajarito silvestre cruzó el umbral de mi hogar y encontró su destino entre las garras de uno de mis gatos. La vida también es eso: un ciclo sagrado de creación, vuelo y entrega. Que este mensaje sirva como recordatorio de que la magia no está solo en lo luminoso, sino también en lo que nos confronta. Y que cada paso sostenido desde el alma, trae recompensas que ningún ego puede arrebatar. Cariatide