
Una caja de música, una hermosa bailarina con vestido escarlata, "Baila bailarina, dulce bailarina, sin parar", la melodía se repite una y otra vez, la niña da cuerda y vida al pequeño cofre, escucha y baila moviendo sus
manitos, vueltas y vueltas su tutú imaginario.
Se imagina bailando en una fiesta de máscaras a la luz del día en una calle de empedrado y sillitas de café, un carnaval, en el que una coreografía viviente llena de color saluda a los espectadores que emocionados le aplauden, una lluvia de flores, color, personajes mágicos; mil hadas, un dragón bailando, un oso aplaude con platillos, depronto, una flauta dulce como una flor abre sus pétalos así dan trampolines las bailarinas pétalo y del centro brota la bailarina escarlata que da vueltecitas hasta llegar al centro, da un salto de trampolín y se abre de piernas en el aire, con una reverencia despide
su acto.
Así del mundo imaginario a la realidad "Hora de comeeeer!!!" despierta, sella ese momento como si por dentro hubiera descubierto algo, nunca dejar de serlo. Sé siempre mi dulce bailarina, dice su madre cariñosamente, retira su silla y cuál princesita la invita a sentarse juntas a la mesa.
La princesa escarlata se convirtió un día de niña a mujer, supo que su mundo mágico iba a quedar atrás, que ya no podría visitarlo pero decidió que siempre cuidaría su corazón como cuando niña cuidaba aquella cajita de música, así escucharía aquella melodía por siempre.
"Baila bailarina, dulce bailarina, sin parar".